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El golfo de Cádiz destaca junto con el mar de Alborán por formar parte de un conjunto oceanográfico de extrema importancia en el intercambio de aguas entre océano Atlántico y mar Mediterráneo. En cuanto a la geomorfología de la zona, el margen del Guadalquivir tiene una suave pendiente con una plataforma y un talud continental de gran extensión además de existir una ausencia de cañones submarinos, lo que le confiere características diferenciadoras del resto de los márgenes continentales de la costa española. La plataforma recibe la influencia de los aportes fluviales provenientes de los ríos Guadalquivir, Guadiana, Tinto y Odiel, y es tan amplia que existen puntos en los que alcanza los 40 km de anchura. El intercambio de masa y energía mar-tierra que le aportan estos cauces y las especiales condiciones meteorológicas de la zona con la dominancia de los vientos de levante, proporcionan unas circunstancias especialmente propicias para mantener altas tasas de producción primaria y secundaria, convirtiendo las inmediaciones de la principal desembocadura del golfo en zona de alevinaje de especies de interés comercial.

El golfo de Cádiz siempre ha estado relacionado con una elevada importancia de los recursos desde el punto de vista pesquero y probablemente por esta causa las actuaciones de conservación no han marcado una prioridad en la agenda política. A grandes rasgos, y debido a la actual situación global del sector con especies en peligro de extinción, stocks sobreexplotados o agotados, sumado a la existencia de actividades realizadas de forma ilegal, convierten en una necesidad la ampliación de las medidas de protección que ayudarían a incrementar la diversidad de peces y su abundancia (Ordines y Massutí, 2009) y además contribuirían a garantizar la sostenibilidad de los recursos pesqueros a través de una gestión integrada.

Por otro lado, y desde el punto de vista de las presiones derivadas de la actividad humana, las zonas marinas ligadas a grandes estuarios requieren de especial atención ya que, generalmente, debido a su elevada productividad, concentran especies de interés comercial y, por tanto, son zonas objetivo de la industria pesquera. Además, en este caso se trata de una zona de alto interés por su localización geográfica y estratégica que hace que se concentren numerosas actividades.

Por las razones generales descritas anteriormente, durante sus últimas campañas Oceana ha incluido el golfo de Cádiz en sus investigaciones y está dirigiendo esfuerzos a la identificación de comunidades biológicas, especies y sus potenciales amenazas. El principal objetivo de esta acción es hacer cumplir la legislación vigente en cuanto a conservación marina se refiere y hacerlo a través de un enfoque ecosistémico e integrado.

La información científica disponible para la zona está en su mayoría relacionada con estudios sobre la importancia del golfo de Cádiz como área de elevada producción primaria y zona de alevinaje, además de sus especiales condiciones oceanográficas. Sin embargo, es muy escasa en cuanto a especies protegidas o vulnerables, principalmente sobre comunidades formadas por corales que le confieren además un valor añadido a la zona.

Los datos reflejados en el presente documento corresponden a la recopilación de las diferentes campañas realizadas por Oceana en los años 2007, 2009 y 2010. Gran parte de las observaciones se han realizado sobre comunidades bentónicas entre ‑10 y ‑105 metros de profundidad, aproximadamente, aunque también se han añadido avistamientos en superficie, columna de agua y muestreos con draga Van Veen (ver Figura 3). Se estima que con las observaciones desde ROV se ha cubierto una superficie cercana a las 2,65 ha (superficie calculada con un campo de visión aproximado de 1,75 metros para un total de 15,4 kilómetros recorridos).

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