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Millones de toneladas de peces se tiran por la borda cada año en el mundo

Oceana pide a la Comisión Europea un Plan para la eliminación total de los descartes.

Press Release Date

Jueves, Marzo 1, 2007
Ubicación: Madrid
Contacto: Marta Madina: mmadina@oceana.org 0034 911 440 884

Los descartes en pesca constituyen un 8 % del peso total de las capturas mundiales o más de 7,3 millones de toneladas de pescado que se tiran por la borda.

Oceana afirma que en las pesquerías Atlánticas de la Unión Europea
esta práctica alcanza máximos preocupantes

Uno de cada 6 kilos de pescado capturado en Europa nunca llega al mercado porque es tirado al mar. Y hay pesquerías tan derrochadoras que son hasta 5 de cada 6 kilos capturados los que se arrojan por la borda. Muchas de estas pesquerías son precisamente las que han sufrido mayores incrementos en las negociaciones donde se han otorgado las cuotas de pesca para este año.

El descarte es una práctica definida por FAO como “aquella parte de las capturas que se devuelve al mar por cualquier motivo”. Está ampliamente extendida a nivel mundial y tiene su mayor incidencia en pesquerías de arrastre de especies demersales en las que el porcentaje de descartes efectuados puede llegar a alcanzar el 90% del peso total de las capturas. Teniendo en cuenta que estas estimaciones se realizan en relación a las capturas declaradas, las cifras pueden ser mucho más alarmantes. Otras estimaciones han llegado a dar cifras de más de 20 millones de toneladas de descartes al año en el mundo.

Esta actividad no sólo sobreexplota los caladeros de forma absurda, sino que además interfiere significativamente en el equilibrio de la cadena trófica al fomentar el desarrollo de especies oportunistas que se nutren del pescado desechado. Tanto la Asamblea General de Naciones Unidas a través de varias Resoluciones, como la FAO a través del Código de Conducta para la Pesca Responsable, han reiterado la necesidad global de minimizar esta práctica.

Las causas que motivan que una embarcación descarte un porcentaje de sus capturas son variadas, pero en la mayoría de los casos derivan de estrategias comerciales o de los sistemas de gestión que hay actualmente en funcionamiento.

Las aguas atlánticas europeas constituyen uno de los puntos calientes de esta actividad, y conjuntamente con las pesquerías del Pacífico Noroeste, suponen un 40% de los descartes globales. Solo en el Atlántico Nordeste se calcula que los descartes ascienden a más de 1.300.000 toneladas de pescado. Este hecho resulta más preocupante si tenemos en cuenta que la legislación comunitaria actualmente en vigor obliga a descartar la pesca en caso de que se infrinjan, por ejemplo, el Total Admisible de Capturas (TAC) o las tallas mínimas de desembarco. Ambas mediciones se llevan a cabo solamente sobre el pescado desembarcado en puerto, no sobre el total de las capturas efectuadas en la mar, que son las que realmente tienen impacto sobre los stocks pesqueros y los ecosistemas marinos.

Una de las peticiones de Oceana es que las TAC que establecen todos los años los países de la UE sean realmente sobre capturas y no sobre desembarques, ya que el sistema actual no refleja el volumen real de capturas e incentiva el desperdicio.

Por ejemplo, cuando una embarcación captura por encima de la cuota que se le ha asignado, o pesca individuos sin interés comercial –por cuestión de especie o de talla- se deshace de las capturas. También es frecuente en embarcaciones que faenan durante periodos de tiempo prolongados que, llegados a un nivel de capturas, carezcan de espacio suficiente para almacenarlas y opten por descartar parte de la carga para reemplazarla con especies de mayor valor comercial.

Según declaraciones de Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana para Europa: Esta situación es insostenible y constituye un problema añadido a la sobreexplotación de los recursos pesqueros. Está práctica se ha mitigado ligeramente en los últimos años como consecuencia del incremento de la demanda de harinas de pescado, elaboradas con especies de escaso interés comercial. Según María José Cornax, investigadora de Oceana: Esta aparente disminución no constituye una noticia alentadora ya que las estimaciones de descartes se realizan en base a las descargas en puerto, y no a las capturas reales que se efectúan. Por otra parte esta práctica falsea los datos sobre el estado real de las pesquerías, inutilizando las medidas de gestión que se emprendan”.

Oceana ha reiterado en distintas ocasiones que la flota de la Unión Europea lleva a cabo algunas de las pesquerías más derrochadoras del mundo. Un claro ejemplo son el rasco, red de enmalle de fondo para la captura del rape (Lophius spp.), y el arrastre de fondo para la captura de crustáceos como la cigala (Nephrops norvegicus). En el caso del rasco se ha calculado que hasta un 71% de las capturas de rape son descartadas por estar dañadas, debido al dilatado tiempo que estas redes pasan en el agua. En el arrastre para crustáceos en las costas del Algarve portugués se llegan a alcanzar tasas de un 70% de descartes sobre el total de capturas, unas 35.000 toneladas de pescado que cada año son tiradas al mar. En otras pesquerías de arrastre para peces planos y especies de grandes profundidades los descartes llegan a superar el 90% de la captura total.

En aguas del Mediterráneo y el Mar Negro el arrastre constituye el arte de pesca con la tasa de descartes más elevada debido a la gran cantidad de especies no objetivo que captura. Se calcula que en promedio la mitad de las capturas efectuadas por estos arrastreros son descartadas.

Por otra parte existen otras prácticas no vinculadas directamente a la especie objetivo y que implican también descartes, como la conocida como shark-finning, que consiste en el corte de las aletas del tiburón y descarte del resto del cuerpo, en la mayoría de los casos aún vivo, o la captura accidental de especies protegidas como las tortugas marinas o cetáceos que son devueltos muertos al mar.

Según declaraciones del Comisario Europeo de pesca Joe Borg para el diario Financial Times: “Es inmoral tirar literalmente el pescado al mar. Estamos desperdiciando un recurso precioso”.

Ricardo Aguilar ha concluido queNo nos basta con sobreexplotar los recursos pesqueros, sino que además los derrochamos. Urge tomar medidas que, por lo menos, minimicen esta práctica”.