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Tras una campaña de Oceana, la Comisión General de Pesca del Mediterráneo decide crear tres zonas restringidas de pesca en el Canal de Sicilia, preservando así del arrastre de fondo una superficie total de 1.493 km2 entre Italia, Malta y Túnez y protegiendo áreas de cría. Estas zonas albergan hábitats esenciales para peces y su conservación será un gran avance para recuperar la merluza –la especie que sufre más sobrepesca en el Mediterráneo- y conservar el origen del 60% de la gamba blanca capturada en este mar. Es la primera vez que se adoptan medidas de gestión para stocks pesqueros compartidos en el Mediterráneo central, por lo que constituye un paso histórico.