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Aunque la contaminación suponga un peligro a largo plazo para el Mar Báltico, actualmente el peligro más acuciante para sus ecosistemas lo constituyen la pesca industrial y la escasa visión de futuro. Su impacto destructivo de la pesca se incrementa por la falta de control sistemática de los gobiernos a la hora de hacer cumplir la legislación y normativa existentes en lo referente a los límites de capturas.  

El 1 de septiembre significa el final del verano en Bruselas. Las vacaciones se acaban y todos vuelven al trabajo. El metro vuelve a estar a tope, es casi imposible encontrar un sitio donde comer en la Plaza de Luxemburgo y los abrigos y paraguas toman el puesto de las gafas de sol. Esta “vuelta al cole” también se nota en las instituciones europeas y en el mundo de los legisladores.

El Comité de Pesca se reunió la semana pasada para tratar el plan de gestión del stock de anchoa y la guerra de la caballa abierta entre la UE, las Islas Faroe e Islandia.

Hoy hemos pasado navegando todo el día, alrededor del delta del Mississippi, para llegar a Grand Isle, en Louisiana, en la parte occidental de la desembocadura de este río emblemático. El Mississippi, que da vida, historia, música y literatura, ha sido al mismo tiempo, y durante demasiadas décadas, la cloaca de una gran zona de los Estados Unidos, de norte a sur.  Ahora, además, su delta ha sido atacado desde el mar por el petróleo vertido por BP.

Tras otra noche de navegación llegamos a Destin Dome, una zona del golfo frente a Alabama donde se encuentran muchos de los 2,700 pozos de petróleo abandonados desde que empezó la explotación petrolífera offshore, en los años 40 del siglo pasado.  Hace unos días AP hizo pública una información sobre la posibilidad de que el sellado de algunos de estos pozos puedan estar deteriorándose, dejando escapar petróleo gradualmente sin que nadie lo esté detectando.

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