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Muchos días sin escribir en el Blog. La verdad es que no encontraba tiempo para ello, aunque espero que se hayáis podido seguir nuestras actividades a través del diario de a bordo, donde Will Race, un alaskeño cargado de energía, conseguía describir las tareas a las que nos habíamos enfrentado.  Han sido un par de semanas de trabajos todavía más intensos que los habituales. Hemos estado empezando nuestra jornada a las 6 de la mañana y acabándola a las 9 de la noche, prácticamente sin descansar más que para las comidas.

Aunque la contaminación suponga un peligro a largo plazo para el Mar Báltico, actualmente el peligro más acuciante para sus ecosistemas lo constituyen la pesca industrial y la escasa visión de futuro. Su impacto destructivo de la pesca se incrementa por la falta de control sistemática de los gobiernos a la hora de hacer cumplir la legislación y normativa existentes en lo referente a los límites de capturas.  

El 1 de septiembre significa el final del verano en Bruselas. Las vacaciones se acaban y todos vuelven al trabajo. El metro vuelve a estar a tope, es casi imposible encontrar un sitio donde comer en la Plaza de Luxemburgo y los abrigos y paraguas toman el puesto de las gafas de sol. Esta “vuelta al cole” también se nota en las instituciones europeas y en el mundo de los legisladores.

El Comité de Pesca se reunió la semana pasada para tratar el plan de gestión del stock de anchoa y la guerra de la caballa abierta entre la UE, las Islas Faroe e Islandia.

Hoy hemos pasado navegando todo el día, alrededor del delta del Mississippi, para llegar a Grand Isle, en Louisiana, en la parte occidental de la desembocadura de este río emblemático. El Mississippi, que da vida, historia, música y literatura, ha sido al mismo tiempo, y durante demasiadas décadas, la cloaca de una gran zona de los Estados Unidos, de norte a sur.  Ahora, además, su delta ha sido atacado desde el mar por el petróleo vertido por BP.

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