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El cambio climático se ha relacionado con algunos de los mayores desastres naturales de los últimos años: las inundaciones de Paquistán, los devastadores huracanes que azotan las costas de los EE.UU., fuegos incontrolados que asolan bosques enteros, cosechas malogradas por todo el planeta, etc. Pero hay un efecto colateral del cambio climático del que rara vez se habla: la acidificación de los océanos.

La semana pasada, nuestro Director Ejecutivo colgó en Twitter un artículo  (Why wartime wrecks are slicking time bombs) que resaltaba el impacto de la 2ª Guerra Mundial en el mar. Según el estudio de Trevor Gilbert y Dagmar Etkin, en las plataformas continentales se encuentran entre 2.5 y 20 millones de toneladas de petróleo almacenados en miles de barcos hundidos,  que podrían provocar otra catástrofe medioambiental. 

De París a Pekín, los proyectos de parques eólicos marinos están despegando. Varias semanas después de que Francia publicase una convocatoria para la construcción de 600 turbinas eólicas en la costa Atlántica, China acaba de anunciar que lanzará un proyecto de parque eólico marino de 1.000 MW.

Aquellos que intentan reducir su impacto medioambiental saben lo difícil que es saber qué marisco es sostenible. No sólo hay que tener en cuenta el estado de las poblaciones, sino también los niveles de mercurio y la huella de carbono resultante de hacer llegar el marisco hasta nuestros platos. Para muchos, la solución más fácil hasta ahora ha sido confiar en organizaciones como MSC (Marine Stewardship Council) para que les indiquen qué pueden y qué no pueden comer.

Sin embargo, en las últimas semanas, se ha puesto en cuestión el trabajo de MSC por no cumplir su propósito.

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