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© OCEANA/ Juan Cuetos

Esta tarde volvíamos a puerto tras finalizar una jornada “clásica” Draga/ROV/CTD/Draga/ROV/Draga, cuando divisamos el enorme cadáver de una ballena (probablemente un rorcual) flotando en superficie. Es irónico que no hayamos visto ni uno solo de estos gigantes en casi 50 días de expedición y acabemos viendo ahora uno muerto. Una pena.

En unas horas tocaremos tierra, algo que vendrá bien para romper la monotonía acumulada a lo largo de 10 días en alta mar, además de para estirar las piernas y tomarnos una cerveza, o quizás dos. Brindaremos por los que desembarcan y daremos la bienvenida a los que embarcan para acompañarnos en el tramo final de la expedición en aguas de Escocia, en las que, con un poco de suerte y si los vientos nos son favorables, volveremos a bucear los humanos.

 

 

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60 días de intensa emoción

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