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Donde termina el cielo, comienza el océano. Allí es donde estamos. Ayer llegamos al Devil’s Hole con buen tiempo, pero esta mañana nos hemos despertado con el cielo encapotado con bajas nubes grises. Nada rompe la línea del horizonte: ni barcos, ni plataformas, ni una raya de tierra. Parece como si nos halláramos lo más lejos posible de todo, como si fuéramos una isla flotando libremente en la gran y gélida nada. Semejante aislamiento puede parecer inquietante, pero cuando estás haciendo realidad la pasión de tu vida, rodeada de colegas tan simpáticos como entusiastas, no es ningún problema. Ah, y una cama caliente, agua fresca y cinco comidas al día… ¡ayudan bastante a estar a gusto!

Hoy nos hemos visto rodeados por los verdaderos vagabundos de los mares: los pájaros. Centenares de fulmarus, con sus adorables ojos suplicándote un trocito de tu pastelito de desayuno; y alcatraces, planeando majestuosamente sobre el barco mientras te clavan unos ojos azules que te hielan el alma; incluso una pequeña gaviota Rissa se lanza en picado para decir “hola”. Pero lo más destacable ha sido una visitante mucho más atrevida, que tenía tantas ganas de refugio y comida que se ha autoinvitado para hacer un poco de compañía al capitán en el puente. Esta mañana, una paloma, calada y aterida de frío, se ha colado directamente a través de la puerta del puente y no ha querido interrumpir su visita más que con un corto vuelo fuera, del que en seguida se ha arrepentido, regresando rápidamente a nuestro cálido barco.

Tal vez nos la guardemos como mascota para el resto del viaje, tal vez la soltemos en cuanto haya repuesto fuerzas o tal vez el cocinero decida servirla de cena mañana, ¿quién sabe?

 

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An obulos for charon

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