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Tras pasar la noche navegando al resguardo del cabo Espartel, al sur de Tánger, decidimos cruzar el estrecho de Sur a Norte y refugiarnos en Barbate. El levante sopla a mas de 40 nudos, y desde luego ni la pasada noche ni la próxima van a salir a pescar los rederos de Tánger. Necesitan noche oscura y mar relativamente plana. Tienen lo primero, pero en la zona hay un temporal importante que les impide calar las redes de deriva. Entramos en el Puerto Deportivo publico de Barbate, gestionado por la Junta de Andalucía, y construido junto al puerto pesquero tradicional. Allí se acumulan un par de decenas de cerqueros dedicados a la captura de pequeños pelágicos (boquerón, sardina,…) y sobre el muelle se ven también, ordenadas, unas docenas de las enormes anclas que se utilizan para fijar la almadraba cercana. Una espectacular actividad ancestral de captura de atún de forma sostenible, que está desapareciendo debido a la sobreexplotación causada por los grandes cerqueros, los palangreros de altura y el negocio de las jaulas de engorde. El puerto deportivo está tranquilo y ordenado, no está masificado, y a su alrededor todavía no se ha desarrollado ningún disparate urbanístico. Es un lugar francamente agradable. La calidad del agua podría mejorarse, hay muchos restos flotantes, y a veces cierto olor a combustible derramado. Pero por lo demás, se está a gusto, sobre todo después de una semana de dar saltos por ahí.

Aprovechamos para relajarnos un poco. Utilizamos las duchas del puerto para sustituir los cubos de agua salada de los que normalmente disponemos para asearnos. Las duchas son de agua caliente, y las instalaciones están bastante limpias. Sin embargo, a los diseñadores, constructores y gestores de cuartos de baño públicos –y no solo en los de puerto de Barbate, que no son los peores, ni mucho menos-, se les debería obligar a usarlos en su vida diaria durante al menos una semana seguida. “Vamos a ver, Sr. Arquitecto, o Sr. Maestro de obras que se ha embolsado la pasta: usted va a ducharse en estas instalaciones que ha diseñado y construido, o por cuya utilización cobra. Donde va usted a colgar la ropa que se ha quitado o la limpia que se va a poner? En que lugar de la ducha puede usted poner el jabón o el bote de champú? Como hace para que la alcachofa de la ducha descargue en el centro del plato y no tenga usted que pegar su cuerpo a la pared para que le caiga el chorro encima? Luego intente afeitarse. Le preocupa que no funcione ninguna de las luces que instalaron sobre los espejos? Y para que sirven esos enchufes que no tienen corriente?. Y ese secador eléctrico baratero que lleva averiado desde la semana siguiente a la inauguración? Que le parecería instalar un dispensador de papel higiénico de tamaño razonable?. Pequeñas incomodidades? Claaaaaro, es que usted no usa las instalaciones que diseño, construyó o gestiona. Usted se limita a cobrar por ello. De paso, tal vez podría informarse en revistas de su profesión sobre como impedir que se encharque el agua, que se desconche la pintura recién aplicada, que se oxiden los elementos recién instalados…Así contribuirá a que no nos sintamos tercermundistas… y estafados”.

Una vez limpia la tripulación, nos hemos enfrentado a los montones de ropa sucia que habíamos almacenado durante la última semana de navegación. Cubos en cubierta, y los guardamancebos del Ranger convertidos en improvisados tendederos de camisetas y pantalones de todos los tonos de azul y blanco. Luego, la desbandada. Durante algunas horas, cada tripulante aprovecha para alejarse del barco y darse un paseo por el pueblo cercano. También tiene libre Juan Carlos, el cocinero, y la gente se organiza para comer y cenar fuera del Ranger. Solo un par de nosotros permanecemos a bordo, descansando o resolviendo algunos temas pendientes. Es impresionante, por cierto, la capacidad de Jesús Renedo, el capitán, de encontrarse colegas de su vida de navegante en todos y cada uno de los puertos en los que el Ranger hace escala.

A continuación:

East winds in the Straits

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