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Todos los métodos de investigación conllevan un cierto impacto sobre el medio que es asumido por el investigador. Aunque es prácticamente imposible no ejercer ningún daño­­ - levantando sedimentos o atropellando algún coral- el muestreo que hacemos con ROV es el menos intrusivo que existe para estudiar las profundidades. Aun así, en ocasiones no es suficiente con una imagen para distinguir una cierta especie, ya que se diferencian unas de otras en pequeños detalles como en la forma de alguna espícula o en los pólipos invaginados. En estos casos, la toma de un ejemplar para estudiarlo más detenidamente abordo, o en un laboratorio, se hace imprescindible. Con el brazo mecánico del robot, y no sin cierta destreza por parte de los pilotos, se toma una porción intentando dañar lo menos posible al ser vivo, pero suficiente como para ser identificado. Una vez a bordo y suponiendo que no se ha perdido en el camino de los cientos de metros que separan el espécimen de la superficie, se procede a etiquetarlo y fotografiarlo en “fresco”. Después, se retira un trozo aún más pequeño, que será conservado en alcohol 100% (etanol), preservante que permite realizar estudios genéticos si fuera necesario, y el resto se conservará en alcohol 70 % (rebajado con agua destilada). Gracias a estos ejemplares-mártires podemos conseguir que se proteja una determinada especie, una zona o bien un nuevo descubrimiento para la ciencia.

 

 

A continuación:

A day on-deck unfolds like the sea itself

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