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Amanecemos al pie de los acantilados herreños y, sobre la marcha, lanzamos el ROV al agua. A pesar de estar a escasos 600 metros de la costa, la profundidad desciende ya a más de mil metros. De hecho, alcanzamos la máxima profundidad alcanzada en una campaña de Oceana bajando hasta 1.006 m.

Durante el descenso nos topamos con la primera sorpresa: un tiburón zorro (Alopias superciliosus) aparecía de forma esquiva delante del objetivo del ROV. En el fondo, volvimos a encontrar gran variedad de esponjas cristal (Regadrella sp., Aphocallistes beatrix, etc.) así como peces de profundidad como el rape bostezador (Chaunax pictus) y otros tiburones como el Deania sp.

Otro descubrimiento interesante fue la presencia del foraminífero gigante Syringaminna cf. fragillissima -los xenofióforos han sido hallados en fondos de hasta 10.000 m-, y la presencia de corales negros como Bathipathes sp., Parantipathes sp. y Antipathella wollastonii por debajo de los 620 m de profundidad, lo cual podría ser considerado un record para este último (pendiente de confirmación).

A continuación:

Calderón de aleta corta

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