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Una reciente investigación sobre el salmón del mar Báltico demuestra perfectamente por qué tenemos que considerar todo el ecosistema al desarrollar planes de gestión pesquera, como es el próximo plan plurianual para el bacalao, el espadín y el arenque del Báltico. Este estudio demuestra que la supervivencia del salmón puede verse afectada por el mal estado del stock de bacalao en el mar Báltico. El salmón es una importante especie depredadora en el Báltico y también un pescado valioso, tanto para la pesca comercial como para la recreativa.

El bacalao, especialmente el stock oriental, ha estado durante mucho tiempo en una situación crítica. Primero causó estragos la sobrepesca y luego, tras aplicarse límites de capturas más estrictos, una recuperación que parecía prometedora se detuvo. Se desconocen las razones exactas, pero se han mencionado la escasez de alimento, condiciones ambientales, enfermedades y el efecto de la pesca.

Al margen del motivo, todo ello tiene una interesante vinculación con la reproducción del salmón. Con menos bacalao comiendo espadín, los comportamientos alimentarios del salmón han cambiado y su dieta consiste ahora en más espadín que antes. Al parecer, la composición de grasas del espadín no es óptima para el salmón y le produce carencia de vitamina B o tiamina, haciendo que el alevín sea más susceptible de contraer la enfermedad M74 y morir.

Como demuestra este caso, las consecuencias que tienen los cambios en un stock pueden extenderse a otras especies, desde causarles la muerte a afectar a nuestra cena, causando pérdidas a la pesca comercial. Las interacciones de las pesquerías con el ecosistema abarcan mucho más que la especie objetivo. Por ello, el ámbito de los planes de gestión pesquera también debería ir más allá  de los efectos sobre la especie en cuestión y tener en cuenta todo el ecosistema.

A continuación:

Ecosystem-based guidelines – the key to fisheries management plans (Part 1)

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