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Tras cinco días en Marsella con tiempo revuelto, con los rederos de deriva amarrados esperando buenas condiciones meteorológicas que les permitieran volver a su rapiña habitual, por fin el 18 de mayo hemos zarpado de madrugada rumbo a Hyeres, donde nos tememos que volveremos a detectar actividad redera próxima a ese puerto. De ser así, volveremos a filmar a los ilegales faenando.

Hemos abandonado la rada de Marsella navegando el paso entre la Isla Ratonneau y la costa. Como tantos sitios que estamos recorriendo en nuestras campañas en el Mediterráneo estos años, la historia se hace presente en cada recoveco. Murallas, castillos o edificios construidos con piedras que vieron pasar frente a ellos las velas cuadras o latinas de navegantes legendarios, comerciantes aventurados y temibles corsarios, nos hacen pensar en aquellos tiempos en los que probablemente el Mediterráneo rebosaba vida y albergaría especimenes de dimensiones que hoy nos resultan increíbles al observar las capturas habituales en este mar esquilmado.

A las dos de la tarde llegamos a Hyeres y, tras una breve espera, como temíamos los rederos zarpan de nuevo. Les seguimos como habitualmente y llegamos a su zona de actividad. Tras filmar a algunos calando la red de deriva, nos alejamos y esperamos pacientemente a que tengan la mayor cantidad de su red en el agua.

Sobre las once de la noche nos volvemos a acercar y mediante localización en el radar de sus boyas con reflectores medimos un par de redes que resultan tener en torno a los 6 a 7 kilómetros cada una.

Durante un día más continuamos nuestra labor habitual comprobando la zona de Cavalair. Recogemos una balsa salvavidas para 30 personas que encontramos a la deriva, afortunadamente sin signo alguno de haber estado ocupada por náufragos, reportamos el hallazgo a los organismos marítimos vía VHF, y el 20 de Mayo recalamos en Port Frejus para hacer combustible pues vamos ya pegados. Tras dejar la balsa en el muelle de combustible para que las autoridades dispongan de ella nos situamos frente al puerto de San Raphael a la espera de posibles rederos zarpando hacia su zona de pesca. No tardan mucho en aparecer y volvemos al seguimiento de su actividad.

De nuevo filmamos algunos en su labor de calar el arte ilegal y cuando oscurece nos retiramos unas millas para permanecer a la deriva hasta el alba e intentar documentar su recogida de red. Hemos observados delfines en el área y creemos que hoy será un día de mas capturas. Cuando esto pasa suelen tardar más en recoger las redes y se les puede filmar la faena con luz de día. Tras dos semanas de hacer lo mismo sin registrarse ningún incidente entre los rederos y el Ranger, hoy tocaba sorpresa.

Efectivamente, “la pesquera” ha sido importante. Documentamos la recogida de red del Gallus y tras unos minutos de observarnos deciden lanzarnos un cohete bengala que pasa por la proa de Ranger. A pesar de la grave infracción al reglamento internacional de navegación y la enorme imprudencia temeraria que supone lanzar un cohete de señales en las proximidades de personas (… recordaré, con respeto y sin animo de frivolizar, al niño fallecido en el triste incidente de aquella bengala que atravesó un campo de fútbol impactando en un chaval y ocasionándole la muerte…) al principio pensé que la intención del energúmeno era asustar, … por decirlo de alguna manera. Luego en la grabación de video pudimos apreciar que el cohete era “apuntado contra nosotros en línea recta” y que la falta de estabilidad en la dirección de este tipo de artefactos fue lo que hizo que se desviase de la trayectoria deseada por el delincuente que lo lanzo. De todas formas permanecimos impasibles y tranquilos sin variar nuestro comportamiento y sin impedir ni obstaculizar su labor esperando que se pensasen lo realizado y suponiendo que, tras la descabellada rabieta, sobrevendría la indiferencia habitual.

Así sucedió, al menos al principio, y de esta forma documentamos dos pesqueros más. En el último de ellos, “La Santa II”, las cosas cambiarían radicalmente. Creemos que el detonante fue una captura que los rederos temen especialmente que sea filmada. Varios de los tripulantes tuvimos la sensación que en determinado momento, y cuando ya solo les quedaban los últimos metros de red en el agua, la captura que comenzó a salir del agua era un cetáceo (probablemente un delfín). Los pescadores reaccionaron inmediatamente y en un segundo volvieron la red al agua impidiendo que filmásemos la captura. Tras un tiempo de indecisión y mientras observábamos que se iban acercando pesqueros que ya habían terminado de recoger sus redes, vimos como los pescadores de La Santa II se abalanzaban sobre su red y comenzaban a cortarla mientras dejaban una boya amarrada a ella para poder recuperar mas tarde los últimos metros que suponemos contenían atrapado al delfín muerto que casi habíamos logrado filmar.

A partir de aquí…., muy simple. Los ilegales que llevaban siendo filmados y fotografiados durante la tarde anterior y el amanecer, decidieron atacar el Ranger. Nada sorprendente proviniendo del tipo de gentuza con la que nos las estamos viendo, aunque uno nunca se acaba de acostumbrar al hecho de que los sinvergüenzas y delincuentes, subvencionados con los impuestos de todos nosotros, campen a sus anchas frente a gobiernos acojonados y ciudadanos impotentes (… si amigo, con tu dinero, como lo oyes, ha salido de tu bolsillo y se lo han quedado los “pobrecitos rederos piratas”, otros mas que añadir a la lista de los que levantan millones a tu costa, recuérdalo cuando pienses en tu hipoteca o en las posibilidades de estudios de tus hijos …).

Los siete pesqueros que se acabaron congregando en torno al Ranger intentaron durante una hora y a toda maquina inmovilizarnos con redes y cabos lanzados a nuestras hélices, mientras algunos nos amenazaban, nos enseñaban el culo y sus atributos sexuales (… estos últimos, afortunadamente, en estado de reposo, lo que rebajaba en algo la sensación de peligro…).

Cuando vimos como se ponía el tema, decidimos llamar a las autoridades francesas poniendo en su conocimiento lo que estaba ocurriendo y solicitando su intervención. Como no podía ser de otra manera (… siete contra uno, no puedo hacer milagros!) acabaron enganchando nuestras hélices. En ese momento, con el Ranger inmovilizado, comenzaron a lanzarnos rayas con aguijón venenoso (realmente esto fue muy peligroso para las personas a bordo del Ranger, una de estas te manda al hospital como mínimo), otros pescados “de descarte” que tenían a bordo, botellas de plástico llenas de agua… en fin, que pusieron el barco como un cristo. Algunos intentaban, bichero en mano, embarcar en el Ranger para quitarnos cámaras y cintas.

En esta situación apareció el primer helicóptero, de Aduanas, enviado por las autoridades francesas, y el resultado fue devastador. Tras un momento de desconcierto, la flota linchadora comenzó a librarse de los cabos que habían logrado conectar al Ranger y se dieron a la fuga en una muestra de conciencia limpia y ejemplar ciudadanía. Minutos mas tarde aparecería otro helicóptero de la Marina.

Por nuestra parte bajamos a Carlos Suárez a las hélices y tras una inspección se puso manos a la obra logrando cortar y soltar los cabos tras casi media hora de trabajo. Tras comprobar que habíamos logrado evitar daños importantes en los ejes y hélices, y con la valiente banda asaltante puesta en fuga por la presencia de los helicópteros, decidimos continuar nuestra navegación hacia Bastia en Córcega donde recalamos al día siguiente. Estoy seguro de que Xavier contara lo que ha seguido después en términos de campaña para que podáis apreciar la importancia de lo que el Ranger esta haciendo documentando a los Rederos de Deriva en el Mediterráneo.

A mis compañeros de tripulación un “bravo” por su aguante y determinación en los momentos de mayor tensión. A vosotros lectores y a los que nos han enviado mensajes de felicitación y apoyo un “gracias” por no olvidarnos. Y a nuestros amigos rederos un “seguiremos informando”.

… a bordo del Ranger

Carlos Pérez

Capitán

A continuación:

The port of Marseilles

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