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Estamos ya en la última semana de trabajo y el síndrome de la vuelta a casa se empieza a notar entre los que más tiempo llevan lejos de sus hogares.

La campaña sigue bien. Vamos encontrando especies rarísimas, de cuyo nombre no puedo acordarme, y otras más comunes, como las gambas. Es curioso verlas vivas y en su hábitat en vez de en un plato. Se mueven en grupo y a veces las vemos en procesión de un lado a otro, reunidas en torno a una roca o un neumático, como si de su templo se tratara.

Hay unos cuantas especies que encontramos a media agua y nos hacen gozar por su forma singular de moverse y  su particular belleza, e incluso otra, Bonellia, creo que se llama, de la que solo ves su larga “lengua”  moverse en busca de comida mientras ella permanece enterrada, todo un mundo. A parte de esto están las decenas de micro algas, corales, caracolas y demás seres del abismo, que solo los biólogos encuentran y reconocen, menudas enciclopedias del mar.  

Me parece que este es mi último diario, así que por mi parte ya me despido.

Gracias por estar ahí.

Saludos.

 

 

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Lo que nadie ve

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