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Amanece en el Ranger durante mi guardia, por el este, antes de empezar a clarear, se asoma Venus en el horizonte, el lucero del alba. Preparo la cámara para intentar grabar el amanecer a pesar del “meneillo”, pero el nuevo día me trae la primera sorpresa; por el horizonte asoman dos “cuernos”: se trata de la luna, que por lo visto, esta noche se ha quedado dormida y ha tenido que salir a toda prisa para que no la alcance el sol.

Es la primera vez que veo un amanecer así (a estas horas procuro estar durmiendo a pierna suelta), no sé si será por la latitud en la que nos encontramos o por la fase de la luna, pero el caso es que a los dos astros, apenas les separa una hora desde su salida y el cielo parece el de una película de ciencia ficción.

Ricardo Aguilar y Ana Torriente se han pasado la noche entre cafés y “Olex” diseñando las batimetrías, para que a las nueve de la mañana ya esté el ROV en el agua para iniciar la primera de las inmersiones que tenemos previstas en la montaña submarina “Echo” del banco del Sahara.

Nos encontramos a unas 200 millas al Sur de las islas Canarias; según las cartas náuticas del lugar, estas montañas suben de un fondo de más de 3.000 metros, hasta unas cotas de 150 metros. En cualquier caso, en nuestras inmersiones no hemos encontrado elevaciones tan superficiales, y trabajamos en un fondo de 500 metros de profundidad aproximadamente.

El ROV tarda casi 45 minutos en alcanzar el fondo y mostrarnos los primeros habitantes del lugar, una raya (Raja maderensis) y un cherne (Polyprion americanus) de buen tamaño posan ante las cámaras del ROV.

La inmersión continúa, en cubierta, el cielo hace tiempo que se ha encapotado y empieza a llover con persistencia, nos apresuramos a cerrar portillos para evitar que se mojen los aparatos electrónicos, pero “Murphy” nos la juega fuera del barco; el mando con el que se opera el “winche” del lastre del ROV se niega a trabajar con lluvia, y nos deja “tirados” con el artilugio a casi 500 metros de profundidad.

Carlos “Mc Gyver” Pérez, se afana intentando encontrar la avería, pero tras más de dos horas comprobando todo, y no dar con el fallo, se toma la decisión de cortar el cable del lastre para subir el ROV a bordo y recuperar el cable de manera manual.

Es ahora cuando empieza la odisea de los técnicos del ROV para intentar ensartar el cable del lastre dentro de la cuchilla del brazo del ROV que apenas tiene cinco centímetros de apertura, para intentar cortarlo; todo esto con el lastre de 85 kgs de peso “bailando” a unos 500 metros de profundidad. Tras más de una hora de intentos, bandazos y algún que otro golpe entre el lastre y el ROV, la pericia de los pilotos logra al fin que se pueda cortar el cabo y se comience con la tarea de recuperar cable y ROV a superficie.

Otra hora y media de trabajo bajo una intensa lluvia (menos mal que estamos en el Banco del Sahara) hasta que todo queda “arranchado” a bordo a son de mar. Tras la “película”, se estudian las posibles soluciones y se opta por poner rumbo a la isla de Gran Canaria, para reparar el winche con garantías, ya que en esta isla encontraremos mejor infraestructura para realizar la reparación.

Nos esperan más de 200 millas para llegar a puerto (como siempre, el “aparatito” no se podía haber estropeado en cualquier otra inmersión, que estábamos pegaditos a costa, ha tenido que ocurrir en el punto más lejano de la expedición…), así que toca lectura, “pelís” en el ordenador e intentar aprender algo más de aves marinas al lado de nuestro experto de a bordo José Peñalver “Indi”, en los próximos dos días y medio.

A continuación:

Unos días en los Alpes de Alabama

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