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© OCEANA / Carlos Minguell

Empujados por el parte meteorológico, que pronosticaba un aumento en la intensidad del viento, esta mañana saltamos al agua más temprano de lo habitual en la isla de Bullergrund, en las proximidades de la ciudad de Vaasa.

El perfil del buceo fue idéntico a los del día anterior: descenso hasta un fondo a 8 metros de profundidad sobre el que no podemos fotografiar la cuadrícula metálica de muestras porque se hunde en el gelatinoso fango. La visibilidad es de poco más de medio metro y empleamos la primera media hora de inmersión en recorrer la distancia que nos separa de costa guiados por la brújula.

Solo cuando estamos a unas decenas de metros de la orilla, aparecen las primeras piedras con algas y plantas acuáticas, siendo sobre estas últimas donde encontramos las escasas especies de invertebrados que fotografío: nudibranquios, isópodos, hydras y algunas sanguijuelas a la espera de un pez que se ponga a tiro. Tras 93 minutos bajo el agua, la fresca brisa que nos recibe en superficie confirma las predicciones: el viento sube y no podremos hacer una segunda inmersión. Solo queda dirigirse a puerto y aprovechar la tarde para poner al día el trabajo de clasificación y edición de las imágenes.

 

 

 

 

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