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Hoy pusimos rumbo a los espectaculares acantilados del norte de la isla. Soltamos amarras del puerto relativamente tarde… la hora justa para ser conscientes del movimiento típico mediterráneo de barquitas, veleros, lanchas a todo gas  con inconscientes al mando… Es más, al pasar por la pequeña isla de Comino, pudimos intuir la aglomeración de barcas en las pequeñas calas, incluso yates abarloados unos a otros casi encajados en el trocito de costa, y me pregunto… ¿Qué placer se puede encontrar en una aglomeración tal? Considero que, esta manera de disfrutar del mar,  te aleja del ambiente pacífico y paradisiaco que busca este tipo de turismo y, en consecuencia, es posible caer en la inconsciencia hacia el medio natural donde estas parado, siendo el perjudicado último el mismo mar Mediterráneo: plásticos, vertidos y contaminación acústica submarina molesta, desconcertante e incluso dañina para sus habitantes, en especial para los cetáceos.

En cambio, en el norte de la isla estábamos solos, como “suele pasar” en los nortes de las islas Mediterráneas turísticas misteriosamente. El equipo de buzos se sumergió a indagar la naturaleza de las cuevas submarinas y nosotros, con nuestra barca auxiliar “tender to Ranger”, solos, custodiando las burbujas de nuestros compañeros, contemplando las espectaculares paredes de la costa en soledad y asombro natural… esto sí que es disfrutar el medio natural!

Como nota curiosa personal del día, mientras hacíamos guardia  de los buzos, muestras marinas flotan por la superficie del mar, que me gusta embarcar!  Esta vez encontré un centollo que, resultó ser una especie no tan común de estas aguas mediterráneas, descubierto su presencia hace pocos años y, siendo causa de esta nueva distribución los estragos del cambio climático, otro ejemplo de cómo el mar Mediterráneo se ve perjudicado por nuestra presencia.

 

 

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