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No se ha pasado buena noche. El viento de poniente era lo suficientemente fuerte para que alguno de los recién incorporados a bordo –en especial alguno de los periodistas- se sintiesen algo “incómodos”. Otros, los que ya llevamos días a bordo del Ranger, la verdad es que ya hemos pasado esa fase ritual y ahora hemos dormido como ceporros. Por la mañana el mar continuaba bastante agitado, y el viento no bajaba de intensidad. Durante la noche hemos cruzado la zona de pesca de los rederos y no hemos encontrado a nadie trabajando. Por ello hemos seguido hacia la costa africana, con la intención de entrar en Melilla y descansar hasta que el tiempo mejorase. Puestos en contacto con el puerto se nos informa de que no hay atraque disponible para el Ranger. Los veleros que participan en las regatas de la semana ocupan todos los pantalanes.

Mientras estamos planteándonos el fondear fuera del puerto, el nuevo parte metereológico indica una pronta mejoría del estado de la mar. Los rederos marroquíes deben haber escuchado la misma emisión por radio, porque inmediatamente observamos un frenético movimiento de embarcaciones en el vecino puerto de Nador y empiezan a aparecer por la boca del mismo un desfile de rederos de todos los colores: El Bagdad II, el Kalach, el Berkani, el Hiba… y como no, nuestro ya viejo amigo el Kamalane que, al parecer poco preocupado por su reciente incidente con la patrullera española, enfila decidido su rumbo hacia la isla de Alboran. Junto a ellos van algunos pesqueros mas cuyos nombres no llegamos a identificar.

Son las dos de la tarde. Decidimos seguir a los pesqueros, y lo que ocurre en realidad es que nos quedamos rodeados por una decena de ellos, separados varias millas de cada uno, y con los que compartimos, como si fuésemos parte de un enjambre, el trayecto de cuatro horas hasta el sureste de la Isla de Alborán. Al acercarse a la línea de las 12 millas alrededor de la isla, que delimita tanto el área de la reserva de pesca del MAPA como las aguas territoriales españolas, los pesqueros marroquíes se dispersan por la zona. Un par de ellos entran momentáneamente en aguas españolas, donde calan el inicio de sus redes kilométricas, pero a continuación cruzan la línea y colocan las embarcaciones en la seguridad de las aguas internacionales, dejando que parte de sus aparejos de pesca deriven en el interior de la reserva de pesca española.

Sabemos que tenemos poco tiempo para registrar la operación de los rederos de deriva, que se produce mayoritariamente de noche. Pero hay alguna oportunidad de filmarlos y fotografiarlos cuando están empezando a calar el arte, al anochecer, o cuando les queda poco que recoger, a primeras horas de la mañana. Seleccionamos por ello los dos blancos mas cercanos en el radar del Ranger, y nos acercamos al primero de ellos: es el Bagdad II, que ya habíamos identificado a la salida de Tánger. Nos colocamos a su lado, sin entorpecer su maniobra ni poner en ningún tipo de peligro los barcos, y vamos registrando, en video y fotografía, el inicio de operación de calado de la red de deriva. Al cabo de un rato, nos dirigimos al segundo de los blancos: se trata del El Hiba. Continuamos documentando su actividad hasta que oscurece. Intentamos un tercero, pero ya es casi noche cerrada. Hay luna nueva. Decidimos quedarnos al pairo, esperando el amanecer, para intentar filmar sus operaciones de recogida de redes y observar que capturas han tenido. Se organizan las guardias de cuatro horas, en grupos de dos personas. El resto nos vamos a dormir.

A continuación:

Heavy seas in Alboran

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