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Durante la noche hemos estado patrullando los bancos que se encuentran al Suroeste de la Isla de Alborán, que separan el canal submarino por el que migran los grandes pelágicos como el atún y el pez espada. Allí es donde suelen calar sus artes los rederos de deriva marroquíes con base en puertos como Nador o Alhucemas. Pero hoy el tiempo era malo, y nadie ha salido a pescar. Hemos decidido dejar la zona y navegar rápidos hacia el Estrecho. El tiempo ha cambiado de poniente a levante, y el viento del este nos impulsa con comodidad hacia el Atlántico. Nos ayudamos en la navegación con el génova, y eso nos da más velocidad y estabilidad. A pesar de las grandes olas, se navega con comodidad. El Ranger es un buen barco para navegar con mar dura. Uno se siente seguro, y no demasiado a merced de las olas.

Nos dirigimos a la parte más angosta del Estrecho, navegando por encima del Banco Tofio, aunque evitando entrar en las 12 millas de aguas territoriales marroquíes. Lo tenemos todo en regla y no hemos hecho nada que nadie pueda reprocharnos, pero preferiríamos evitar ningún obstáculo burocrático si tuviésemos un encuentro con la Marina Real. El gobierno marroquí ha aprobado hace un par de semanas una ley que Oceana y WWF le solicitaba desde hace años: la formalización de un plan para la eliminación de las redes de deriva, de acuerdo con lo establecido por la ONU, ICCAT, el CGPM, ACCOBAMS y otra serie de organismos de los que Marruecos forma parte. Las organizaciones de conservación marina han felicitado a las autoridades marroquíes, a pesar de que la prohibición no entrará en vigor hasta enero del 2009. Mientras tanto, la flota de al menos 150 rederos deberá irse reconvirtiendo o desguazando. Para ello, la Unión Europea esta contribuyendo con 1.25 millones de euros al año y los Estados Unidos con parte de los 700 millones de dólares que esta semana eran aprobados por su Congreso como ayuda global a las mejoras medioambientales en la agricultura y pesca de Marruecos.

Si para dentro de año y medio no deben quedar rederos de deriva en Alborán y en el Estrecho, es imprescindible que Marruecos inicie un plan escalonado de desactivación de esta flota, y lo haga público de forma que sea posible hacer su seguimiento. Estas cosas no pasan de la noche al día. Es inconcebible pensar que el 31 de diciembre del 2008 haya casi dos centenares de rederos en funcionamiento y que al día siguiente no quede ninguno. Además, quienes –hoy desde Oceana, y antes utilizando otros sombreros- estamos siguiendo la evolución de las flotas de rederos en el Mediterráneo desde hace 15 años, tenemos experiencia suficiente para haber aprendido cómo los armadores intentan sacar provecho de estos procesos, embolsándose el dinero de los subsidios y continuando con la utilización de las redes prohibidas impunemente. Basta recordar los casos de dos países del núcleo fundador de la Unión Europea: Italia (200 millones de euros estafados a los contribuyentes europeos e italianos y una flota de rederos activa todavía en su mayor parte) o los franceses (que han utilizado fondos IFOP para la construcción de nuevos barcos para dedicarlos a la pesca ilegal de atún rojo juvenil, albacora y pez espada).

Por ello, y a pesar de la positiva actuación legislativa del gobierno marroquí, es imprescindible que organizaciones como Oceana continúen vigilando el uso de las redes de deriva hasta que no quede ni una de ellas. Conviene no olvidar que, según estimaciones de WWF, la flota marroquí de Alborán mata, anualmente, del orden de 16.000 delfines listados y comunes, además de cachalotes, rorcuales comunes y aliblancos, calderones, tortugas marinas… y decenas de miles de peces luna y elasmobranquios (tiburones y rayas).

Y también hay que recordar que, de todo el pez espada que pesca esa flota, solamente un 2% se consume en ese país. El restante 98% se exporta, en un 95% destinado a empresas españolas desde donde tres cuartas partes se re-exporta a Italia. Un negocio “ejemplarmente ético”. Los empresarios españoles compran pescado capturado por artes prohibidas en España y en la Unión Europa, incentivando la pesca ilegal y haciendo la competencia desleal a los palangreros españoles que cumplen (al menos en este tema) las leyes internacionales. Un gobierno como el de Zapatero, que hace bandera de su sentido ético de la política debería, inmediatamente, poner fin al negocio que algunos sinvergüenzas llevan a cabo con la importación de pescado capturado con artes prohibidas por la ONU y la Unión Europea y a la gestión de quienes lo toleran. Al igual que en España está prohibida la importación de productos pesqueros capturados con redes de deriva en otros Estados miembros, esta política debería aplicarse a todos los demás exportadores, no es éticamente aceptable que por un lado y de cara a la galería las autoridades manifiesten una posición totalmente en contra de este arte y por otro lado se estén poniendo trabas a su eliminación a través de la demanda de mercado.

El Ranger ha pasado el Estrecho a media tarde, y se adentra en el Atlántico. El viento de levante sigue incrementándose, y no creemos que los rederos con base en Tánger salgan a pescar donde suelen hacerlo: justo en el dispositivo de separación de tráfico del Estrecho de Gibraltar, donde, además de las consideraciones de tipo ambiental, sus redes kilométricas representan un serio peligro para la navegación.

Pasamos frente a Ceuta y doblamos hacia el Sur. La tripulación formada en cubierta saluda y se carcajea al pasar frente al Islote Perejil, y se pregunta como responsables de dos gobiernos como lo eran Federico Trillo y su homologo marroquí pueden ser tan cortos de entendederas y carecer de tal sentido del ridículo. El viento sigue arreciando, pero la costa de África nos protege ahora de sus embates. Seguiremos vigilando durante la noche, pero la verdad es que no vemos muchas posibilidades de que salgan a pescar. Hemos dejado Tánger ya al norte, y nos cruzamos con algunos arrastreros marroquíes que provenientes del sur, se dirigen a refugiarse en ese puerto.

A continuación:

Dawn in Melilla and dusk in Alboran

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