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Underwater robot being repaired
© OCEANA Juan Cuetos

Levanta el día con el mar en buen estado y el cielo azul, como un presagio de interesantes inmersiones en el área más profunda que exploraremos en Dinamarca. Pues no.

El winche (cabrestante) que opera el lastre del ROV se ha levantado con el pie izquierdo y se niega a girar a pesar de los intentos de los mecánicos de abordo. Cambio a winche de respeto (al que nadie respeta demasiado debido a sus inferiores prestaciones) y entonces es una polea del cable la que se pone tonta. Cambio de polea y mientras tanto el winche original vuelve a funcionar sin intervención humana aparente. Tiene un carácter un poco raro este winche, pero dado que es imprescindible para todas las operaciones, excepto las de los buzos, que no llevamos cable ni somos caprichosos, habrá que soportarlo un mes más.

A estas alturas la corriente marina ha subido en intensidad y es demasiado fuerte para el ROV, así que aprovechamos para cambiar de nuevo el winche y probarlo con la draga, que es menos delicada que el robot (y bastante más barata). A partir de ahí, operaciones de ROV y draga sin incidentes bajo la mirada de centenares de gaviotas, gaviones y fulmares que nos observan sin explicarse cómo no somos capaces de sacar un solo pez del agua después de tantas horas.

 

 

A continuación:

Pesca fantasma

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