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© OCEANA / Juan Cuetos

Eolo nos saludaba por la mañana, creando un bonito paisaje con el cielo azul, las escarpadas costas eolianas y el blanco de las olas contra el mar.

No era tiempo de ROV, pero sí de buceo. Mis compañeros submarinistas se recrearon en su búsqueda de la mejor foto y el deseado video, contaban con mi atenta envidia desde el barco.

Ya por la tarde la cosa se fue calmando, se lanzó el ROV al agua para encontrarse con un paisaje muy irregular, con muchos pilares de más de 5 metros de altura que se alzan como púas de puercoespín, y que le dan una personalidad especial a estas costas de las Islas Eolias.

 

 

A continuación:

La zona de la vergüenza

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