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Van pasando las semanas y día tras día se suceden las vivencias y sensaciones que a cada uno de nosotros nos enriquecen con nuevos conocimientos. Hemos sido testigos entre otras cosas, del nadar acompasado de las medusas, del “volar” elegante de algunas rayas o del preciso momento en el que eclosionan de los huevos las sepias. Me reafirmo en pensar que este mar con una profundidad media de 1.500 m, alberga una gran biodiversidad, a pesar de ser uno de los más castigados.

Sus aguas cuentan con más de 12.000 especies de animales y unas 1.130 variedades de macroalgas de las cuales el 22% son endémicas. En este 0,8% de la superficie oceánica del planeta, se dan cita ecosistemas de una gran importancia, como las praderas de Posidonia, el coralígeno o los arrecifes de corales de profundidad. Son ya casi 40 días de campaña, 56 inmersiones con el ROV y otras 17 con las botellas de buceo y no miento al afirmar que en todas y cada una de ellas hemos observado restos de la actividad humana. Cabos, sedales, plásticos, redes, neumáticos y otros objetos se dejan ver cada jornada. No puedo resignarme a pensar que nuestros mares se llenan de basura mientras los humanos miramos hacia otro lado. Desde este pequeño camarote, una humilde llamada de atención para que sigamos disfrutando del mar, con el mismo respeto y admiración que lo hacían muchos de nuestros antepasados.

 

 

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Muscle Dysmorphia On Board

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