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Blog Posts by: Jorge Candán

Después de unos cuantos días en seco, hoy fue la última inmersión de la expedición y Escocia nos ha dejado un buen recuerdo.

Es el reino de los crustáceos: nécoras, bueyes, bogavantes, … En cada grieta, en casi cada agujero nos encontramos unas pinzas haciendo guardia a la entrada.

Lo más curioso ha sido encontrarse una nécora en plena muda. Los crustáceos tienen una forma de crecer sorprendente, salen de su propio caparazón dejando su exoesqueleto como si de un guante se tratase. Poco a poco su cuerpo absorbe agua y se endurece, alcanzando casi el doble de su tamaño.

Estamos amarrados el puerto de Eemshaven en Holanda y ya hemos pasado el ecuador de la expedición. Durante este tiempo hemos estado muchos días sin ver tierra, en el mismo centro del mar del norte y también buceado en sitios espectaculares de la costa de Noruega y Escocia. Pero aun habiendo disfrutado en el mar, siempre apetece llegar a puerto y cargar energías.

Cuando buceamos en mares tropicales el agua es azul celeste, transparente, y caliente, las condiciones ideales. Sin embargo llevando 15 días de campaña y buceando en aguas turbias, verdes y frías, estamos encantados. Tanto en Escocia como en Noruega nos hemos encontrado un ecosistema propio de agua templadas, “si se le puede llamar así a temperaturas de 9ºC”. Este ecosistema en un verdadero bosque, “el bosque encantado”. En todas las inmersiones hasta los 20 metros de profundidad un bosque de algas de varios metros de altura (quelpos) tapiza el fondo, impidiendo ver la roca.

Es nuestro último día en la zona de Vesterhavet, hoy estamos a unas 20 millas de la costa de Dinamarca. Esto es un inmenso arenal en el que a pesar de estar lejos de la costa se pueden encontrar profundidades de menos de 10 metros.

Cuando se bucea a un arenal siempre se tiene la esperanza de encontrar unas piedras donde se refugien y concentren las especies, un oasis en medio del desierto. Durante la inmersión de hoy no hemos encontrado ni una sola roca, todo es arena, solo arena.

Hoy hemos tenido nuestra primera experiencia con el auténtico Mar del Norte.

Ayer buceamos en una pequeña bahía al sur de Noruega. Pasamos la noche fondeados y por la mañana, buscando mejor refugio del temporal, salimos rumbo un pequeño fiordo. Solo fueron unas pocas millas en mar abierto, pero suficiente para darnos cuenta de que 50 metros de barco pueden ser mucho o muy poco dependiendo el tamaño de las olas.

Menos mal que todo es “temporal”.

 

Para un animal marino conseguir sobrevivir en alta mar requiere una especialización, bien sea para alimentarse, para defenderse de los depredadores, desplazarse…para casi todo. Muchas aves están perfectamente adaptadas a este medio, son capaces de cruzar o vivir en mitad de este mar sin posibilidad de descansar sobre algo firme. Las condiciones de vida son tan duras que si un animal es herido o está débil, irremediablemente acabará siendo presa de las olas.

50 días de campaña, recorriendo 4 países, miles millas por navegar, 20 personas a bordo, 11 de Oceana, 9 de tripulación. De momento 9 días embarcados,  aguas de 2 países,  450 millas navegadas…y hoy nuestra primera inmersión. A 70 millas de la costa, 20 metros de profundidad, 4 buceadores, 1 arenal, algunas rocas sueltas plagadas de alcionarios, 1 buey paseándose por la arena, 2 nudibranquios haciendo su puesta, algunas nécoras, 3 sollas que nos siguen a todas partes y muchas cosas más…

 

Llevamos casi dos meses de campaña y muchas millas -de las del norte- recorridas, aunque la verdad, para ser norte hemos tenido muy buenas condiciones, pocos han sido los días que no se ha podido trabajar. Poco mar de viento y bajo el agua, un continuo movimiento de vaivén que nos acuna. Los buceadores bailamos a merced de una corriente que te lleva y te devuelve. El “mar de fondo” nos recuerda que a muchas millas de este mar, hoy es más invierno, más Cantábrico o más Atlántico, “más del norte”.