Would you like to view our US Site?

Blog Posts by: Braís Lorenzo

Eolo nos saludaba por la mañana, creando un bonito paisaje con el cielo azul, las escarpadas costas eolianas y el blanco de las olas contra el mar.

No era tiempo de ROV, pero sí de buceo. Mis compañeros submarinistas se recrearon en su búsqueda de la mejor foto y el deseado video, contaban con mi atenta envidia desde el barco.

Otro cambio de hora, otro cambio de UTM, se cierra el circuito. Múltiples X tachan las zonas ya conquistadas. El último reducto es Newcastle: comienza el asedio.

La multi-beam nos proporciona la inteligencia sobre el terreno. Zona llana, fangosa, sin rocas ni desniveles que nos indiquen que haya algo interesante. Unas cuantas escaramuzas de la draga confirman a los científicos el sustrato de la zona y el tipo de vida local.

Titanes de 3 palas nos saludan al abrirse el día, grandes aerogeneradores que proveen de electricidad a una civilización que se nos comienza a hacer lejana después de 9 días en el mar. El cual, después de tratarnos tan bien este último mes comienza a enseñar sus colmillos. El ROV está preparado, el barco en posición. Aarón, al winch, nos advierte que una pantalla de agua se acerca a gran velocidad.

A veces te sumerges en agua dulce, otras en agua salada. Hoy le tocaba al ROV bucear en agua con gas. Son pequeñas zonas que resultan tener actividad gaseosa por debajo y que a veces el susodicho gas sale a superficie cual gran pompa de jabón (así me lo imagino).

Tal ha sido nuestra suerte que no solo hemos podido bucear en dichas zonas sino que nos hemos encontrado también no solo uno, sino dos “perros del norte”. Para los no iniciados en la biología –como yo–, son unos peces con una boca muy grande, amenazadores y a los que le gusta meterse bajo piedras.

El día se levanta caliente y ruidoso, el laberinto steampunk que es el barco que ha sido mi hogar este último mes me saluda con chorros de aire caliente y un estruendo infernal proveniente de la sala de máquinas.

En la zona de trabajo el ambiente es más fresquito y veraniego, el Mediterráneo está como un plato, la costa libanesa es preciosa y Tripoli se alza majestuosa en el levante. Lanzamos ROV.

A 800 metros y en la ladera de un gran cañón se pasea el robot, a veces esquiando, a veces volando e intentando captar la vida que pulula por ahí.

Con tres cuartas partes del viaje ya hechas, resulta extraño mirar atrás, a lo que hemos vivido en este último mes. Puede que recuerdes las cosas de forma distinta que otros miembros de la tripulación. Notas pequeños cambios que han ido ocurriendo lentamente pero no sabes a ciencia cierta cuándo empezaron en realidad.

Intervención robótica mañanera, aún ya habiendo pasado el ecuador de esta campaña cada día es único. El parte nunca te tranquiliza, pues siempre está al borde de lo impracticable.

Por la tarde, los buzos se sumergen en las aguas noruegas. Tal es su devoción que aún después de haber hecho bajo el agua el tiempo recomendado, se pasean por la superficie buscando unas focas juguetonas que, aun dejándose ver, no dejan que el ser humano se acerque.

Aquí observamos como un tío arroja una Draga al agua, y trae barro.

Abajo puedes ver como 4 teletubbies limpian ese barro, cogen los cachitos pequeñitos que se quedan en el tamiz y los guardan con mucho cuidado en pequeños envases de plástico.

A la mitad, destaca un tio listo (debe ser científico) que observa eses cachitos pequeñitos a través de un microscopio.

Derecha ( o estribor) Tres trajes secos habitados por hombres preparan sus cámaras para sacar unos videos y fotos cojonudos.

Arriba, un Jack solitario baja cosas y las sube de nuevo.

Hoy Hemos tenido la oportunidad de contemplar un escenario diferente al que nos acostumbra esta campaña, Los naufragios! Colosos de hierro que, sin ser ese su objetivo original, acabaron siendo el hogar de algunas criaturas del mar del Norte.

No os diré lo que he hecho hoy, hoy toca capítulo de relleno!

öresund/øresund/Sund/[œrəˈsɵnːd]/Loquesea No nos está tratando con el cariño que nos gustaría. Muchos nudos en el viento, Bastantes metros por segundo bajo agua y unas cuantas olas que hacen lo posible para que la frágil lente de la cámara conozca de cerca el casco del barco.

Páginas