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Blog Posts by: Sandy Mason

El mediodía nos sorprende sentados en los húmedos bancos de madera que hay en la cima de una colina en Coiba, rodeados por treinta policías uniformados. Uno a uno van avanzando hasta el podio que hay delante de ellos, saludan de forma extravagante y reciben el diploma enrollado en bambú que les entrega el Vicegobernador de la Provincia de Veraguas.

El Sol está a punto de ponerse y, después de pasar toda la mañana buceando, filmando y explorando el territorio, todo el mundo está de vuelta a bordo. Pero no será por mucho tiempo. El compresor hace un ruido ensordecedor en la cubierta de popa, mientras llena los depósitos. Afortunadamente, terminará dentro de poco y el equipo de filmación saldrá una vez más para una inmersión nocturna.

Nunca pensé que llegaría el día en que tendría que hacer estas cosas: lanzar un cubo vacío por la borda de un barco de forma que llegue al agua con el ángulo exacto para llenarse inmediatamente y volverlo a subir a bordo para derramarlo sobre mi cabeza llena de champú; extender crema bronceadora por mi espalda sin dejar ni un milímetro; dormir sólo una o dos horas pero en cualquier momento, ya sea de día o de noche. O saber cómo hacer un as de guía, que es la cosa más fácil del mundo cuando te la explican pero absolutamente imposible si te dejan sola con la cuerda en tus manos. Todas estas cosas son importantes cuando vives en un barco.

MarViva I

Pero hablemos de cosas un poco más serias. Ayer se hizo la primera patrulla marítima en Coiba desde la entrada en vigor de las nuevas leyes de pesca. Salimos por la tarde en el MarViva III, con tiempo despejado. Mientras avanzábamos hacia el noroeste desde la isla principal pasamos junto a otras islas más pequeñas, Rancherita y Coibita. La patrulla estaba compuesta por dos miembros de MarViva ( Stanley Canales, el capitán del barco, y Miguel Delgado ), además de Rodrigo Rodríguez, jefe de los guardias del parque de Coiba, y Rolando Ruiloba, director del parque y miembro de la Autoridad Nacional del Ambiente ( ANAM ) de Panamá. Pasamos el tiempo hablando sobre Coiba, las nuevas leyes de pesca y la colaboración entre ANAM y MarViva, que hasta ahora ha sido perfecta.

Y eso es bueno, porque está claro que hace falta algo así. Los guardias del parque dicen que, con el cierre gradual de los campos de prisioneros, los barcos pesqueros se fueron atreviendo a acercarse cada vez más a las costas de Coiba para practicar todo tipo de pesca: comercial y artesanal, arrastre de camarones, nasas, palangre, captura de aletas de tiburón, inmersiones en busca de caracolas,… y unos pocos meses bastaron para hacer un daño enorme. Sólo con el agotamiento de los recursos y el inicio de las patrullas comenzaron a retirarse los barcos, dicen los guardias. Ahora son muchos menos, y los guardias confían en que la cosa continúe así.

La Isla de Coiba es la más grande del Pacífico en América Central. Tiene aproximadamente tres veces el tamaño de Manhattan, es veinte veces más grande que la Isla del Coco y está a sólo 12 millas de la costa de Panamá. Allí se encuentra el arrecife de coral más grande del Pacífico Central, y allí acuden ballenas azules, ballenas jorobadas, orcas y delfines rayados tropicales para alimentarse y dar a luz a sus crías. En Coiba viven tiburones, mantas, picudos y atunes, y en sus playas ponen sus huevos cuatro especies amenazadas de tortugas de mar. Sus costas de manglares están repletas de cocodrilos. La isla es muy conocida en Panamá, pero no por su riqueza biológica. Durante todo el siglo pasado, la palabra " Coiba " era sinónimo de terror.

Coiba Island

Hasta el año pasado, Coiba era una prisión federal en la que se encerraba a los delincuentes más peligrosos de Panamá ( peligrosos para la sociedad o para el poder político imperante ). Se trataba de una cárcel dispersa, con campos de prisioneros repartidos por varios puntos de la isla. Según la leyenda, los presos podían vagar libremente por la isla durante la noche, mientras los guardias y otros reclusos menos atrevidos permanecían encerrados. La violencia estaba siempre presente, aunque no siempre proviniera del hombre; además de los cocodrilos, en Coiba viven 15 especies de serpientes, incluyendo la mortífera barba amarilla y serpientes coral.

La población de la prisión fue disminuyendo gradualmente hacia el final del siglo XX, pero a pesar de ello la guía The Panama Guide ( segunda edición, 2001 ) seguía avisando a los visitantes de que " debido a la continua presencia de la colonia penal, el lugar más seguro para anclar es junto a la estación biológica de Punta Machete, en el extremo nordeste de Coiba... Los policías son muy amables y se ofrecerán a servir de guía y protección armada en expediciones por los senderos de la isla. " De Jicarón, una isla más pequeña perteneciente al archipiélago de Coiba ( que incluye, además de Coiba, otras ocho islas de menor tamaño y 40 islotes ), la guía dice: " Esta isla, separada de Coiba por un amplio canal, tiene corrientes muy fuertes que la convierten en un lugar seguro contra posibles emboscadas. Está deshabitada y la belleza de su exuberante paisaje es indescriptible. Jicarón es sin duda el lugar más hermoso de todo el Pacífico panameño. "

Hemos vuelto a Golfito, donde pasaremos unos días que aprovecharemos para reponer provisiones, ducharnos y enviar información sobre la Isla del Coco al resto del mundo. Hoy hemos tenido una rueda de prensa conjunta de Oceana y MarViva en la sede de MarViva, hasta donde llegó un autobús desde San José con periodistas y cámaras.

GolfitoXavier contó lo ocurrido con la Isla del Coco, algo que sigue impresionando por mucho que ya resulte familiar para algunos de nosotros. Básicamente, la historia es ésta: Hasta hace muy poco, la Isla del Coco era un lugar virgen y apartado. Fue refugio de piratas y algún que otro ballenero, pero por lo demás era remota y desconocida. En la década de 1970, sin embargo, el rápido agotamiento de los caladeros próximos a la costa llevó a las flotas pesqueras a frecuentar la isla en número cada vez mayor. Costa Rica declaró parque nacional la Isla del Coco y 12 millas de mar a su alrededor en 1978 y la UNESCO la distinguió como Patrimonio de la Humanidad en 1997, pero estas distinciones significaban muy poco en la práctica, ya que se seguía practicando la pesca industrial a gran escala. Todo ello hizo que comenzara a declinar uno de los más extraordinarios tesoros marinos del planeta. Las cosas sólo empezaron a mejorar en 2002, con la creación de MarViva y el inicio de las patrullas conjuntas. El cambio fue espectacular.

Como dijo Xavier, " El trabajo que se está realizando en la Isla del Coco demuestra que la asociación profesional y la cooperación leal entre gobiernos, empresas privadas y ONGs puede dar resultados muy rápidamente. En tres años MarViva ha hecho muchas cosas importantes en esta zona. Transplantar este método a otras partes del mundo sería una forma excelente de cambiar la situación de los océanos. "

Abandonamos la Isla de Coco. Navegamos hacia el nordeste dejando la isla a nuestra espalda, magnífica y rebosante de agua como si acabara de surgir de las profundidades, con sólo las nubes sobre ella.

Dirty rockAl salir nos cruzamos con otro palangrero, el segundo que vemos desde nuestra llegada a la isla. El primero había alegado problemas con el motor como razón para permanecer anclado en la bahía; es una excusa frecuente que no hay forma de confirmar. Ayer por la noche, los patrulleros de MarViva retiraron de las aguas del parque un palangre de seis millas. Pese a todo, eso no es nada. Los guardias del parque y el personal de MarViva me cuentan que hace tres años, antes de iniciar sus patrullas conjuntas, había siempre entre treinta y cuarenta pesqueros en las aguas del parque. No me cuesta ningún trabajo creerlo. Es impresionante poder ver de primera mano los continuos esfuerzos de vigilancia, con patrullas que se pasan fuera toda la noche sin más compañía que la oscuridad, las tormentas y la presión constante de saber que al menor descuido aparecerán de nuevo los palangreros. El nuevo nivel de protección en torno a la Isla del Coco es eficaz y al mismo tiempo discreto.

Pero la diferencia es enorme. El equipo de filmación se sumergió hoy por última vez antes de nuestra partida. Juan Pablo lo cuenta así:

" El lugar se llamaba " Roca Sucia " - un paraje que atrae a muchas aves - " y es un pequeño islote rocoso sin vegetación de ningún tipo. Bajo el agua, las paredes de roca son casi verticales y alcanzan 55-60 metros de profundidad. La roca forma una especie de pirámide, muy pronunciada al principio pero con una pendiente mucho más suave cerca del fondo.

Esta tarde el equipo de filmación se ha tomado un descanso, así que los demás a bordo del Ranger ( redactores y tripulación de apoyo ) aprovechamos para ir a Manuelita. No sé por dónde empezar.

Salimos a la caída de la tarde. El cielo estaba oscuro y pequeñas olas con crestas blancas rompían la superficie del océano. Houssine, que se defiende en tres idiomas, nos explicó cómo usar los equipos y nos puso en el bote. Aitor, un submarinista de los pies a la cabeza pero demasiado generoso para ponerse unas gafas sin esperar a los demás, nos llevó sobre las olas hasta Manuelita.

Con los respiradores y las gafas puestas, nos sentamos en un lado del bote y nos dejamos caer de espaldas, con las aletas hacia arriba.

White tip reef shark (Triaenodon obesus)¡ Hay tantas cosas que ver bajo el agua ! Demasiadas para saber adónde mirar. El fondo era rocoso como un paisaje lunar, con cráteres y grandes rocas aquí y allá. Cada pocos metros surgía del lecho marino una formación rocosa que parecía salida de otro mundo. Había peces por todas partes: grupos de peces soldado ( rojos con grandes ojos negros ), cirujanos de un profundo color púrpura con ribetes dorados, peces trompeta, algunos de color amarillo brillante, otros translúcidos y con puntos azules en un extremo,… Es imposible distinguir la parte delantera de un pez trompeta de la trasera. Esto puede ser un eficaz factor disuasorio para depredadores y admiradores por igual, y de hecho yo me encontré más de una vez buscando los ojos del pez en el extremo equivocado. Había langostas en grietas, anémonas entre las rocas, peces globo ( algunos amarillos, otros en blanco y negro y moteados ), elegantes angelotes de gran tamaño, peces mariposa… ¡ Tantos y tantos peces ! De vez en cuando aparecía algún pez loro con su aire paranoico; no me parece que se puedan mover demasiado rápido con esa cabeza tan grande. También había meros, peces grandes y lentos moteados en azul y verde o en marrón y gris, que ni siquiera se movían cuando nos acercábamos; se limitaban a lanzarnos una mirada cínica y con aires de superioridad.

Hoy hemos seguido filmando. A las nueve de la mañana estábamos en un barco de MarViva, saliendo de la bahía y rodeando la isla hasta llegar al otro lado. Este barco es más pequeño y más manejable que el Ranger, pero más grande y más estable que nuestros botes. MarViva nos lo ofreció para transportar al equipo de buceo de un sitio a otro.

Miguel ( uno de los capitanes de MarViva ) maneja el timón mientras Mar examina las aguas. De vez en cuando aparece por un instante una aleta o se ve algo que salta y se vuelve a sumergir con un chapoteo. Durante unos minutos nos acompañan delfines a proa. La vida marina de la Isla del Coco es extraordinaria incluso en la superficie, pero eso aquí resulta normal. La isla en sí es tan frondosa y húmeda como si estuviera literalmente empapada en agua, que cae a chorros por las laderas verdes y abruptas. Algunas de las cataratas desaparecen en el bosque, mientras que otras han labrado largos canales que van desde la parte alta de la isla hasta el mar. La Isla de Coco recibe 711 cm. de lluvia al año. Hay tanta agua que los guardias del parque que trabajan en la isla ( en turnos mensuales ) han construido una presa hidroeléctrica para dotar de energía a su base.

The Ranger in Golfito

La Isla de Coco es en realidad un pequeño archipiélago formado por una gran isla e incontables picos diminutos que surgen del Océano Pacífico. La isla principal está cubierta de bosques, mientras que los muchos islotes que la rodean parecen pequeñas pirámides de roca angulosa. La mayoría tienen al menos una caverna abierta a nivel del mar, y si el Sol las ilumina con el ángulo adecuado parecen cabañas con puertas y tejados de paja.

Las islas son el centro de un área protegida que comprende 24 kilómetros cuadrados de tierra y 972 de agua. La dificultad de acceso fue lo que mantuvo la isla libre de la influencia del hombre hasta finales del siglo XX, cuando comenzó a verse invadida por barcos pesqueros que buscaban nuevos caladeros después de haber diezmado los de las costas. Pero la Isla del Coco tuvo suerte. La increíble cantidad y variedad de especies que viven en la isla y sus alrededores le dieron fama internacional, lo que le ha permitido conservarse prácticamente virgen. La UNESCO la declaró patrimonio de la humanidad en 1997, y desde 2002 está vigilada por MarViva y por los guardias oficiales del parque.

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