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Blog Posts by: Eduardo de Ana

Tras mi última guardia nocturna en este cruce del Atlántico, he podido dormir unas pocas horas antes de que Nuño y Carlos tocaran diana.

La verdad es que hoy todos hemos dormido muy poco. Antes de llegar a Horta ( en la isla de Faial ) hemos limpiado la cubierta y el messroom, algo que no hemos podido hacer en los últimos días ya que el estado de la mar y la climatología no lo permitían.

Estamos en aguas de Azores. Esperamos llegar a Horta, el puerto de la isla de Faial, mañana viernes sobre el mediodía. La segunda parte de la expedición, teóricamente la más crítica desde el punto de vista de navegación, parece que va a superarse con éxito. El Ranger ha demostrado ser un barco sólido y seguro, y la vida a bordo ha sido, a pesar de ciertas incomodidades producidas por el mal tiempo, perfectamente soportable durante estas dos semanas de aislamiento del mundo desde que salimos de Bermudas.

The Ranger

Nos acercamos a Azores. Estimamos llegar el viernes 27 por la mañana.

Sigue el mal tiempo. Y, sobre todo, el viento adverso. Esta mañana hemos tenido vientos de 35 nudos con puntas de hasta 40. Lo peor que vienen del Nordeste, o sea, prácticamente de proa, por la amura de babor. Reducen nuestra velocidad hasta unos 5 nudos. Hemos arriado el foque, pero manteníamos la mayor, con un par de rizos, y la mesana, hasta que ha decidido arriarse ella sola, cuando se ha partido uno de los cabos que la mantenía izada. Nos ayudamos con uno de los motores, alternativamente el de babor o estribor, a la espera que el viento role un poco y nos permita hacer un uso eficaz de las velas. ¿No se suponía que ibas a encontrar vientos portantes en el Atlántico? Pues como en el resto del viaje: siempre de proa.

El humor es bueno, aunque la mayor parte de la gente que no está de guardia se refugia en sus literas, para no ir dando bandazos de un sitio a otro.

Hace tres o cuatro días regresaron los vientos, acompañando a unas borrascas que estamos consiguiendo bordear sin que nos alcancen de lleno. Normalmente son del Nordeste, 20 nudos, a veces con picos de hasta 30. A toda vela de nuevo. En la guardia de Bibi, Sole y José el Ranger llegó a alcanzar 10 nudos, a pesar de que la dirección del viento no nos es particularmente favorable.

¿Qué probabilidad existe de que dos catamaranes reposten fuel, uno a continuación del otro en una isla en uno de los extremos del Atlántico? ¿Y qué probabilidad hay de que esos dos mismos catamaranes coincidan en mitad de ese océano seis días más tarde? ¿Y de que tengan el mismo punto de destino?

No tengo la más remota idea ya que datos como esos no deben tener ninguna relevancia y no quedarán registrados en ninguna parte. Pero todos estaréis de acuerdo conmigo en que pasar, puede pasar; y hoy la tripulación del Oceana Ranger puede dar fe de ello.

Después de tres días navegando a vela el viento ha caído por debajo de los 10 nudos y nos vemos obligados a utilizar de nuevo los motores. Siempre alternando su uso cada doce horas para que soporten el mismo esfuerzo y podamos equilibrar el consumo de combustible en ambos cascos ( en estos tres días a vela hemos ahorrado 600 litros de combustible ).

El tiempo ha empezado a cambiar. Se ha levantado un viento del SE de 20 nudos que nos permite navegar hacia el Este a una velocidad de unos 8 nudos. No está nada mal. El mar está bastante agitado, marejadilla con intervalos de marejada, pero se lleva bien. No es tan fácil desplazarse por el barco sin tener que irse agarrando aquí y allá, ni trabajar con el ordenador, pero los dos cascos del catamarán le proporcionan una estabilidad envidiable. Por ahora, nada se cae ni se desplaza, como es tan habitual en los barcos de casco convencional.

La travesía del Atlántico continúa sin problemas. El mar se mantiene prácticamente en calma, con algunos momentos de viento de unos 10 o 15 nudos que hoy nos han permitido, por primera ver, izar todas las velas y navegar sin la ayuda de ninguno de los dos motores durante algún tiempo, impulsando el Ranger a 6 ó 7 nudos. El problema era que aprovechar ese viento nos obligaba a poner rumbo bastante más al norte de lo que nos conviene para dirigirnos a las Azores.

En mitad de uno de mis turnos de guardia diarios, Nuño y Carlos han iniciado, por sorpresa, un simulacro de abandono del barco. Han puesto en marcha la sirena y por megafonía lo han anunciado. " Atención, atención; este es un simulacro de abandono de barco, este es un simulacro de abandono de barco, por favor, ocupen cada uno su puesto ".

En décimas de segundo toda la tripulación se ha puesto en movimiento. Unos se encontraban durmiendo, otros en cubierta o en el messroom, pero la reacción ha sido inmediata.

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