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Hoy hemos dado un enorme paso adelante con el voto de la Comisión de Pesca sobre la prohibición del finning de tiburón. La Comisión ha votado para cerrar las grandes lagunas legales de la prohibición, que permitían a algunos países (léase España y Portugal) desembarcar cuerpos y aletas en puertos distintos y en momentos diferentes, lo que complicaba mucho controlar si se había respetado completamente la prohibición del finning.

¡Es tiempo de expedición, uno de nuestros momentos del año favoritos!

Hoy hemos emprendido la Expedición 2012 del Oceana Ranger. Este año, nos centraremos en zonas profundas del Atlántico y el Mediterráneo.

Usaremos nuestro robot submarino (ROV) para tomar imágenes de vídeo de montañas sumergidas con cumbres tan profundas que los buceadores no pueden llegar a ellas.

Proteger las montañas submarinas es tremendamente importante, ya que albergan una gran variedad de especies y hábitats a diferentes alturas, así como tipos de suelo.

A menudo son bellas, pero también peligrosas. Las especies invasoras con cada vez más habituales en tierra firme y también en el mar, y en muchos de los casos su presencia en sitios inadecuados tiene que ver con las actividades humanas. Hay ejemplares que llegan en las aguas de lastre, se escapan de acuarios o aprovechan canales artificiales, y poblaciones que avanzan por causa del cambio climático.

No pinta bien para la protección de especies y hábitats en el Mediterráneo: está a punto de cumplirse un plazo importante y los Estados miembros de la zona están lejos de cumplir con sus obligaciones, a pesar de la amenazadora perspectiva de sanciones económicas. Pero permitidme rebobinar un poco para daros algo de contexto.

Estos derechos se ejercen hasta una distancia de 200 millas marinas desde la costa, o a mayor distancia (hasta 350 millas) si su plataforma continental va más allá de ese límite. Para demostrarlo se deben proporcionar suficientes argumentos geológicos y morfológicos.

Ello es lo que pretende el Estado luso con la exploración del fondo marino por medio del  robot submarino “Luso”, que llega a 6.000 metros de profundidad.

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