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© OCEANA Enrique Talledo

Al igual que la agricultura, hace tiempo que la pesca se ha convertido en un sector muy regulado, destinatario de más o menos subvenciones y permanentemente bordeando los límites de la rentabilidad para muchas personas. Hasta tal punto se ha asumido ese discurso derrotista, que pocos se plantean lo ilógico de que un sector primario, productor de alimentos de calidad, se enfrente a tantas dificultades. Y lo cierto es que esta visión no tiene ningún sentido: la pesca debe ser rentable. Y sabemos el modo de conseguirlo.

El desequilibrio entre la presión pesquera y las poblaciones de peces se ha traducido en que estas han ido disminuyendo de tamaño. Por sacar el máximo de beneficio a corto plazo, se ha extraído tanto del mar que lo que queda hace dudar de la rentabilidad de muchas pesquerías. De hecho, los científicos calculan que dos tercios de las poblaciones de peces sufren sobrepesca en Europa, y en el Mediterráneo llegan al 97%. La solución pasa, por tanto, por permitir que se recuperen y vuelvan a su tamaño original. Oceana considera que esto podría conseguirse en un plazo máximo de diez años, que sería el caso de los stocks pesqueros en peor situación.

Puesto que los peces no entienden de fronteras, los países miembros de la UE no gestionan la pesca individualmente, sino a través de la Política Pesquera Común. Esta establece que todos los stocks deben gestionarse de manera sostenible en 2020 y, por ello, año tras año se ajustan los límites de capturas para que las poblaciones de peces vayan recuperándose y lleguen a su Rendimiento Máximo Sostenible.

En ese sentido, la Comisión Europea citaba recientemente el éxito de la merluza norte, que se ha multiplicado por 7 desde 2006, hasta 265.000 toneladas. En aguas ibéricas, los cálculos de Oceana apuntan que las capturas de sardina podrían aumentar en 100.000 toneladas si se permitiera al stock recuperarse, muy lejos de la situación actual, en la que se ha debatido durante meses si debería cerrarse la pesquería o autorizar un mínimo de capturas.

Los datos que manejamos indican que en el Cantábrico, aguas ibéricas y Azores, las capturas europeas podrían crecer un 53% (110.000 toneladas). En las aguas de la UE en el Mediterráneo, el incremento sería del 54% (220.000 toneladas). Y, por supuesto, se registrarían aumentos también en otros lugares donde faena la flota española; por ejemplo, el Mar del Norte rendiría un 91% más.

Nuestros estudios estiman que, con la actual composición de la flota, recuperar las poblaciones de peces supondría para España en la próxima década 4.700 empleos en el sector, más 2.700 en industrias relacionadas. Es la cifra más alta entre los países que hemos analizado (Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido), y se traduciría en un total de 338 millones de euros en ingresos anuales.

Puede parecer una cantidad modesta. Pero no hay que mirar estas cifras en el contexto de un país de 47 millones de habitantes, sino como lo que representa esa perspectiva de futuro para las regiones costeras fuertemente dependientes de la pesca. La pesca no es solo un negocio o una fuente de alimento; su importancia social y cultural es inmensa en muchas localidades. Asegurar su futuro y hacer que vuelva a ser un modo de vida atractivo tiene un valor que los científicos marinos son incapaces de cuantificar.

Este artículo se publicó originalmente el 1 de abril de 2018 en la revista Industrias Pesqueras

A continuación:

¿Deberían basarse los límites de capturas en las recomendaciones científicas? Los ciudadanos dicen que SÍ

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