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María José Cornax tiene veintisiete años. Es licenciada en Ciencias del Mar y trabaja en Oceana desde hace casi tres años. Ha llevado a cabo varias campañas para la erradicación de la pesca ilegal con redes de deriva en el Mediterráneo, convirtiéndola en una experta en este tema.

Pregunta: ¿Por qué elegiste estudiar Ciencias del Mar?

Respuesta: En un principio, y supongo que como muchos de mis compañeros de carrera, atraída por la vertiente romántica de la investigación marina. Pero poco a poco me fui dando cuenta del campo abierto que son las ciencias marinas, donde todo está aún por descubrir y donde las bases de química, ecología, física, biología o geología datan de los últimos 60 años. Entre intereses y desintereses en distintas materias había una constante. Todo lo que se relacionaba con el mundo de la pesca atraía mi atención irremediablemente, y no sólo desde el ámbito científico, sino también desde el político, social y económico. Si bien en la práctica continué formándome más enfocada a la acuicultura, pocos meses después de acabar la carrera entré a formar parte de Oceana, donde he podido trabajar en varias campañas como la que desarrollamos contra el uso de redes de deriva en el Mediterráneo. Actualmente, continúo trabajando en la lucha contra la pesca ilegal y por una explotación sostenible de los recursos pesqueros.

P: Cuéntanos brevemente en qué consiste tu campaña y cuales son los resultados que buscas.

R: Tanto en el trabajo que desarrollamos en redes de deriva, atún rojo, arrastre de fondo y otras campañas de pesca, trabajo con mis compañeros para proponer medidas efectivas para evitar la sobreexplotación pesquera por un lado, y por otro identificando, investigando y denunciando las causas y los causantes de esta situación y de la destrucción del medio marino. Actualmente mi trabajo se centra en campañas como la eliminación de redes de deriva ilegales del Mediterráneo, la conservación del atún rojo, o la mitigación de la acción destructiva del arrastre de fondo.

P: ¿Cómo ayuda el trabajo en el Marviva Med a tu campaña?

R: El Marviva Med es una herramienta de trabajo muy buena desde el punto de vista de las campañas de pesca. Para saber lo que pasa, es necesario estar sobre el terreno. Al mismo tiempo, necesitamos un lugar de trabajo en el que poder consultar la información, desarrollar estrategias y continuar con la parte teórica y política de las campañas, siempre en tiempo real, y mientras estamos sobre el terreno. En la campaña contra el uso de redes de deriva, por ejemplo, cuando identificamos una embarcación que utiliza este arte de pesca ilegal, al mismo tiempo que documentamos el hecho en alta mar, disponemos en seguida de toda la información que necesitamos sobre el barco, cuantas veces ha sido avistado, sus puertos habituales, y cuantos fondos ha recibido y cuando. También simultáneamente denunciamos lo que está pasando a través de la comunicación vía satélite a las autoridades competentes.

P: ¿Qué parte de tu trabajo disfrutas más?

R: Estar en el mar. Aunque, en realidad, todo. Desde el trabajo sobre el terreno a los mecanismos políticos que rigen la gestión pesquera, son partes de nuestro trabajo que me apasionan. Y, sobre todo, ver que el cambio es posible, que obtenemos resultados y a no muy largo plazo. A veces es relativamente fácil llegar a tener la sensación de que todo el trabajo no sirve de nada, que el deterioro de nuestros mares es un proceso irreversible hagamos lo que hagamos. Imagínate que, en el caso de las redes de deriva, año tras año seguimos identificando los mismos barcos que continúan utilizando las mismas redes ilegales después de haber sido denunciados en numerosas ocasiones. Sin embargo, hemos podido ver como, en el caso de Francia al menos, este año hemos conseguido que no pesquen, y también hemos comprobado que los rederos italianos tienen cada vez más problemas en desarrollar impunemente su actividad ilegal.

P: ¿Crees que el público en general puede ayudar en tu campaña? ¿Cómo?

R: La información es el primer paso para cambiar la inclinación de la balanza. El simple hecho de que el público en general sepa qué está pasando, el estado de nuestros mares, y la necesidad de preservarlos es un paso de gigantes. A partir de ahí ya se puede empezar a caminar de forma más efectiva. Un ejemplo muy claro es la conciencia general que se ha ido creando respecto al arrastre de fondo. En 2007 iniciamos, dentro de la campaña para la protección de hábitats marinos, la denuncia sistemática de actividades de arrastre ilegal no solamente en estos ecosistemas protegidos, sino también a profundidades prohibidas, mostrando al público imágenes del impacto de este arte de pesca sobre fondos de coralígeno y maërl. Sólo nos dimos cuenta del efecto que había tenido cuando durante el mes de agosto empezamos a recibir en la oficina denuncias de veraneantes que por las mañanas veían como los arrastreros faenaban en escasamente 5 metros de profundidad a lo largo de toda la costa del Mediterráneo...y ellos denunciaron. Nosotros no podemos vigilar la costa de forma permanente, pero la gente sí, y está en la mano de las personas concienciadas el evitar que se produzcan la mayoría de las agresiones a las que se somete el medio marino.

Aplica este mismo caso al consumo de inmaduros, a un boicot al consumo de atún rojo, a la polución costera, a la mayoría de los problemas que sufren nuestros mares y te darás cuenta del poder que pueden tener tanto individuos concienciados como los colectivos para contribuir a la protección de nuestros océanos.

P: Si pudieras pedir un deseo para tu campaña, ¿cuál sería?

Me gustaría ver como el mar Mediterráneo recobra vida, ver como muchos de sus fondos dejan de ser arenales arrasados por la acción del hombre y ver como los pesqueros reconquistan puertos deportivos y urbanizaciones desarrollando una actividad sostenible. Pero a corto plazo, y como primer paso en el que veo que podemos actuar de forma más inmediata y realista, es en medidas como la eliminación del uso de redes de deriva, una veda de tres años para proteger el atún rojo, o simplemente, que se cumpla la legislación pesquera vigente. Estos serían para mí grandes logros y constituirían la prueba de que aún estamos a tiempo, que no es demasiado tarde, y que nuestros mares no están condenados a convertirse en desiertos de agua. Y sobre todo, que la antigua simbiosis entre el ser humano y los océanos no se ha convertido definitivamente en un acto de depredación irracional.

 

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