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Blog Posts by: Rebecca Greenberg

Me despierto a las 7.30 h con el ligero cabeceo del barco y el ruido del motor; por la pequeña ventana redonda de mi camarote veo pasar el mar. «¡Oh, no! ¡Nos movemos!», fue lo primero que pensé. Aunque tentado estuve de quedarme en la cama la media hora que faltaba hasta el desayuno, recordar mi mareo del otro día me hizo saltar de la litera y echar mano de las pastillas que había traído «por si acaso». En realidad, «por si acaso» terminó por convertirse en una necesidad, pues el lunes me mareé mucho; a partir de entonces me tomé las pastillas antimareo con diligencia.